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Conflicto en Medio Oriente: ¿El inicio a una nueva Guerra?

Sin dudas, este es uno de los temas más importantes en este último tiempo: un conflicto geopolítico en el Medio Oriente donde Israel, Irán y otros países aliados están involucrados. Esta situación ha captado la atención mundial debido a su impacto en la estabilidad internacional, la seguridad global y la vida de millones de personas en la región.

Pero, ¿Cómo es que empieza este conflicto que a preocupado a todos en el mundo? Aquí te entregaremos todo lo que debes saber sobre este conflicto.

¿Dónde y Cómo ocurre?

Antecedentes históricos del conflicto

El conflicto tiene sus raíces incluso antes de iniciar el siglo XX. Tras la caída del Imperio Otomano al finalizar la Primera Guerra Mundial, el territorio quedó bajo el control del Reino Unido, lo que marcó el inicio de una nueva etapa de tensiones en la región.

En 1917, la Declaración Balfour expresó el apoyo británico a la creación de un hogar nacional judío en Palestina. Esta decisión generó un fuerte descontento y tensiones con la población árabe que ya habitaba el territorio, sentando así las bases de un conflicto que se intensificaría con el paso del tiempo.

Décadas más tarde, en 1947, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) propuso dividir el territorio en dos Estados: uno judío y otro árabe. Mientras que los líderes judíos aceptaron este plan como una solución viable, los países árabes y los palestinos lo rechazaron, al considerarlo injusto.

La creación del Estado de Israel

En 1948 se creó oficialmente el Estado de Israel, lo que provocó la primera guerra entre Israel y varios países árabes vecinos. Como consecuencia directa de este conflicto, cientos de miles de palestinos fueron movidos de sus hogares, dando origen a una crisis de refugiados que continúa siendo un tema central hasta hoy.

Tanto judíos como musulmanes, y también los cristianos, consideran esa tierra como un lugar sagrado, lo que añade una dimensión religiosa muy profunda al conflicto. Para el pueblo judío, la región es la tierra prometida mencionada en la Biblia y parte central de su identidad. Para los musulmanes, ciudades como Jerusalén tienen un valor sagrado por la Mezquita Al-Aqsa. Los cristianos también la consideran fundamental, ya que allí se desarrolló gran parte de la vida de Jesús.

A lo largo del tiempo han ocurrido varios conflictos, como la Guerra de los Seis Días (1967), cuando Israel ocupó Gaza y Cisjordania, y la Guerra de Yom Kipur (1973), un ataque sorpresa de Egipto y Siria. Además, han existido levantamientos palestinos llamados “intifadas”, lo que ha mantenido la región en constante tensión.

El papel de Irán en el conflicto

Aunque Irán no participó directamente en las guerras árabe-israelíes iniciales, su rol comenzó a volverse clave tras la Revolución Islámica de Irán. Desde entonces, el país adoptó una postura abiertamente contraria a Israel y ha buscado aumentar su influencia en Medio Oriente.

En este contexto, Irán ha apoyado política, económica y militarmente a grupos como Hamás y Hezbolá, lo que ha ampliado el conflicto más allá de Israel y Palestina, transformándolo en una disputa regional. Este apoyo ha sido uno de los principales puntos de tensión con Israel y con su aliado, Estados Unidos.

División de Hamás

Desde los años 90, Fatah, liderado por Yasir Arafat y luego Mahmud Abbas, controlaba la Autoridad Palestina y era reconocido como el gobierno legítimo. Con el tiempo, perdió apoyo por acusaciones de corrupción y falta de avances con Israel. Mientras tanto, Hamás creció como movimiento armado, político y social, ganando apoyo especialmente en Gaza gracias a su ayuda comunitaria.

Logo de FATAH

En enero de 2006 se realizaron elecciones legislativas palestinas en las que Hamás obtuvo una victoria clara, consiguiendo la mayoría de los escaños en el parlamento. Este resultado fue reconocido como legítimo desde el punto de vista electoral, pero generó un fuerte rechazo internacional. Países como Estados Unidos y organizaciones como la Unión Europea decidieron no reconocer al nuevo gobierno encabezado por Hamás debido a que este grupo no aceptaba la existencia de Israel, no renunciaba a la violencia y rechazaba acuerdos previos firmados por la Autoridad Palestina. Como consecuencia, se suspendió gran parte de la ayuda económica internacional, lo que provocó una grave crisis financiera en los territorios palestinos.

Durante 2006 se generó un conflicto de poder entre Hamás y Fatah, ya que el primero controlaba el gobierno y el segundo mantenía fuerzas de seguridad y la presidencia. Esta tensión derivó en enfrentamientos armados constantes. En junio de 2007, durante la Batalla de Gaza de 2007, Hamás derrotó a Fatah y tomó el control total de Gaza. Desde entonces, el territorio palestino quedó dividido entre Gaza (Hamás) y Cisjordania (Fatah), dificultando la unidad política y los procesos de paz.

Tras la toma de Gaza por Hamás, Israel impuso un bloqueo para limitar el ingreso de armas, y Egipto también restringió su frontera. Esto provocó una grave crisis económica y humanitaria en la población.

A largo plazo, este hecho marcó un punto de inflexión: la división palestina debilitó su posición internacional y Gaza pasó a ser el principal foco de enfrentamientos entre Israel y Hamás. Además, el conflicto se vinculó más con la región, con apoyo de actores como Irán y la participación indirecta de grupos como Hezbolá.

El comienzo de una nueva Guerra

La toma de Gaza por Hamás en 2007 marcó un punto de inflexión porque transformó el conflicto en uno prolongado, fragmentado y con participación internacional. Desde que Hamás controla Gaza, los enfrentamientos con Israel se volvieron recurrentes, con guerras periódicas que siguen un patrón de escalada, enfrentamiento y alto al fuego, sin una solución definitiva. Al mismo tiempo, se produjo una división interna palestina entre Hamás y Fatah, que controla Cisjordania, lo que dificulta enormemente la posibilidad de negociar la paz al no existir una representación política unificada.

Con el tiempo, el conflicto dejó de ser solo local y pasó a involucrar a actores internacionales. Estados Unidos ha sido el principal aliado de Israel, apoyando su seguridad y sus acciones militares. Durante el gobierno de Donald Trump, esta alianza se fortaleció aún más, especialmente con políticas favorables a Israel y una postura más dura frente a Irán. A su vez, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha mantenido una política firme contra Hamás y contra la influencia iraní en la región, considerando a Irán como una amenaza central.

En este escenario, Irán se ha consolidado como un actor clave, apoyando a grupos armados en la región y aumentando su confrontación indirecta con Israel. Esta tensión alcanzó un punto crítico este año, cuando el líder supremo iraní Ali Khamenei fue asesinado, lo que generó una crisis aún mayor aumentando el riesgo de una guerra más amplia en Medio Oriente.

Declaraciones de Presidentes del Mundo

Donald Trump

Una de las caras principales de este conflicto. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump afirmó que la ofensiva de su país junto a Israel “está cerca de completarse” y que ya se lograron la mayoría de los objetivos militares, diciendo que EEUU “terminará el trabajo pronto”. El asegura que Irán ya está muy debilitado. Ha declarado que destruyeron gran parte de su marina, fuerza aérea y misiles. Incluso ha usado frases muy agresivas como que podría llevar a Irán “a la Edad de Piedra”. Por último, a seguido amenazando con golpear infraestructura clave (como energía o petróleo) y advierte que seguirá atacando si Irán no acepta condiciones de EE.UU.

Benjamín Netanyahu

Otra de las caras más importantes de esta guerra. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu a sido mucho más duro que el presidente Trump. Netanyahu ha centrado su discurso en Irán como una «amenaza directa» para la existencia de Israel, justificando la guerra como necesaria y sin un final cercano claro. A diferencia de Donald Trump, no habla tanto de victoria rápida, sino de una «lucha larga» que debe continuar hasta debilitar completamente a su enemigo. Sobre Israel, insiste en la defensa total del país y en la necesidad de unidad, destacando que las operaciones buscan proteger a la población y que deben prepararse para un conflicto prolongado.

Vladimir Putin

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha adoptado una postura más diplomática que otros líderes. Ha mostrado apoyo político a Irán y ha criticado los ataques de Estados Unidos e Israel, advirtiendo que pueden desestabilizar la región. Al mismo tiempo, insiste en que lo más importante es detener la guerra y negociar, ofreciendo a Rusia como mediador.

Xi Jinping

Xi Jinping, el presidente de China, ha mantenido una postura más neutral y enfocada en la estabilidad. Ha pedido un alto el fuego inmediato y ha criticado la escalada del conflicto, señalando que las acciones militares aumentan el riesgo para toda la región. China también ha defendido la solución diplomática, ofreciendo diálogo y cooperación internacional para frenar la guerra. En cuanto a Irán, mantiene relaciones cercanas, pero sin involucrarse militarmente.

José Antonio Kast

El reciente asumido presidente de Chile, José Antonio Kast ha tenido una postura que está bastante alineada con Israel: apoya su derecho a defenderse y ha sido crítico con Irán y con grupos como Hamás, a los que considera amenazas. También suele tener una visión más dura en temas de seguridad y terrorismo. A diferencia de líderes como Putin o Xi, Kast no habla tanto de mediación o neutralidad, sino más de respaldar a Israel y condenar a sus enemigos.

¿A dónde irá a parar este conflicto?

Este conflicto ha durado siglos enteros. Lamentablemente, aún no tenemos una respuesta concreta para saber si persistirá o si se acabará pronto. Con los ataques de Estados Unidos junto a Israel y las recientes declaraciones del presidente Donald Trump, todo indica que esto no ha terminado al 100 %, y que todo el mundo tendrá que pagar las consecuencias.

¿Por qué digo esto? Porque, a causa de este conflicto, ha ocurrido un alza muy grande en el precio de las bencinas en casi todo el mundo. Esto se debe al Estrecho de Ormuz (situado entre Irán y Omán), por donde transita alrededor del 20 % del petróleo y del gas natural licuado a nivel global.

En conclusión, este conflicto no solo afecta a los países directamente involucrados, sino que tiene un impacto global que repercute en la economía de millones de personas. El aumento en el precio de los combustibles encarece el transporte, los alimentos y otros bienes básicos, generando una cadena de consecuencias en la vida cotidiana. Sin embargo, también abre la oportunidad para que los países busquen soluciones diplomáticas, fortalezcan la cooperación internacional y aceleren el desarrollo de energías alternativas. Esto podría ayudar, a largo plazo, a reducir la dependencia del petróleo y construir un futuro más estable y sostenible para todos; pero eso solo el tiempo lo dirá.

Por: Rodrigo Campillay

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